martes, 24 de marzo de 2009

EL JUDAISMO


Pues lo hiciste casi como un dios, lo rodeaste de honor y dignidad, le diste autoridad sobre Tus obras, lo pusiste por encima de todo". (Salmo 8. 4-6.)

"Bienaventurado es el hombre que fue creado a imagen divina". (Talmud).

La corona de la creación, el hombre, es el ser que más se asemeja a Dios. Ha sido dotado de inteligencia, y tiene libre albedrío para elegir entre el bien y el mal. Su destino depende de su elección. Sin estar restringido por el pecado original o por la predestinación, tiene tres atributos principales. El uno depende del otro: la razón, que no es concebible sin la libertad, la libertad, cuya base es la responsabilidad. Según la Tora, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. No en su forma externa sino en la posibilidad de imitar los atributos de Dios, y en esto consiste su tarea en la Tierra: mejorar permanentemente sus calidades espirituales e intelectuales para asemejarse cada vez más a Dios y así ser Su colaborador en la permanente renovación de la creación.

Dios creó a un solo hombre y de él han descendido todos los seres humanos, lo que nos enseña que todos somos iguales y debemos ser hermanos. Nadie tiene el derecho a oprimir al otro. Todos tienen igual derecho de ser libres, tienen el derecho a ser respetados como persona y en su dignidad y, por ende, tienen la obligación de respetar a los demás.

El hombre es administrador de la naturaleza por mandato de Dios. Puede gozar de sus bienes y no está obligado a privarse de las bellezas y goces de la vida, siempre y cuando los compense con su trabajo y acepte que también los demás, sus iguales, pueden disfrutar de los mismos beneficios.

La vida del hombre es sagrada y nadie tiene derecho de despreciarla o de eliminar la suya o la de otra persona. Cada uno es responsable por todos los demás hombres del mundo.

Una criatura tan ricamente dotada como el hombre, no puede ser destruida del todo por la muerte, y su cuerpo regresa a la tierra de donde había sido sacado, y su alma es inmortal.

Los maestros judíos de todas las épocas (rabinos, filósofos, exégetas), sostuvieron que la imagen divina que existe en el hombre es su espíritu, su alma, la fuente de su poder para razonar y obtener sabiduría, inspirado por el Supremo Creador. El hombre, reducido a su mera materialidad, no habría podido formar idea de lo abstracto, habría estado restringido siempre a una percepción sensorial. El poder de abstracción es la más poderosa prueba de la existencia de algo trascendental en el hombre, de su imagen y semejanza de Dios, y a partir de esta premisa llegamos necesariamente a la comprensión de la idea del libre albedrío del hombre, lo que lo hace distinto de los animales.

Maimónides escribe que el libre albedrío le fue dado por Dios a todos los seres humanos. Si el hombre quiere inclinarse por el camino recto y ser justo, o si quiere inclinarse por la senda mala y ser malo, es su decisión. Sin embargo, debe saber que él mismo es responsable de su elección, pues es el único entre todas las criaturas, que sabe lo que es bueno y lo que es malo. Nadie lo obliga a seguir lo bueno, y nadie le impide preferir lo malo. El hombre es soberano de sus actos. La omnisciencia de Dios no priva al hombre de su libre albedrío. La idea de la predestinación divina no es parte de los conceptos filosóficos del judaísmo.

«No te asombres, pues, tú, hombre,» - dice Heschel, el gran filósofo contemporáneo - «si tu Creador ha concertado contigo un Pacto, si te ha sobredotado a través de leyes y preceptos, pues a través de Su espíritu, alienta tu vida y la hace valiosa. El te la ha insuflado; de Su propio poder te ha dado poder y dominio sobre Su mundo, y te ha hecho Su colaborador, a cambio de tu responsabilidad en la conservación, subsistencia y desarrollo del Universo. Te ha creado libre, y con la libertad de hacer el bien o el mal. Tú, hombre, si logras encontrar tu camino, puedes elevarte hacia la santidad, la pureza; y, si quisieras ennoblecer tu espíritu, podrías llegar casi hasta las mismas cumbres de la santidad divina. Este es el principio básico de la concepción de la Tora (los Cinco Libros de Moisés), de los profetas y maestros sobre la posición y lugar del hombre en el mundo terrenal».


Pero… Qué es la muerte? ¿Existe una definición de ella en los textos judaicos?

Génesis señala que la muerte es "el abandono del cuerpo por el alma o espíritu vital"16. Como ya dijimos, por el sólo hecho de vivir el hombre ha de morir. La muerte es parte del ser. Pero esa explicación no es suficiente cuando el mundo se tambalea, el dolor embarga y lo único que se desea es despertar de ese mal sueño y constatar que todo está normal.

El Judaísmo rodeó a la muerte de prácticas que son un delicado respecto por el moribundo, una honda preocupación por su familia y la afirmación de los principios básicos religiosos. La mayoría de estas prácticas constituyen una forma de acercamiento psicoterapéutico al dolor y, como tales, están destinadas a no negar la muerte, a aceptarla sanamente.

En la Biblia, Libro 2º de Samuel17 se narra un episodio perteneciente a un fragmento de la vida de David, y que sirve para ejemplificar cómo se practicaba el culto a la vida y se eludía la idolatría de la muerte.

"Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente. Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan.

"Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía le hablábamos y no quería oir nuestra voz; ¿Cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto?

"Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño?. Y ellos respondieron: Ha muerto. Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró en las casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan y comió.

"Y le dijeron sus siervos: '¿Qué es esto que has hecho? Por el niño viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él te levantaste y comiste pan."Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quien sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Más ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

Este relato, así como también algunas máximas de los sabios judíos nos llevan a aceptar como hecho indiscutido, que los maestros del judaísmo eran, amén de piadosos y sabios, profundos conocedores de la mentalidad humana.

Y es justamente un rabino y psicólogo, Liebman, quien señala que el judaísmo tradicional es psicológicamente sano en su enfoque acerca de la muerte y señala cuán profunda es la penetración psicológica que reflejan las costumbres judías. Testifica además, que las prácticas judías que rodean a la muerte ofrecen a la mente un procedimiento para conservar la salud mental en medio del dolor porque ofrecen al doliente un modo de comportarse, de enfrentar y no negar la muerte, condición necesaria para que pueda existir valor terapéutico en las actitudes que acompañan este trance doloroso.

El conjunto de prácticas puede entenderse como un rito de tránsito cuyo propósito esencial es el permitir la reintegración del deudo a la comunidad. El amplio uso de ritos y ceremonias puede interpretarse como un acercamiento terapéutico al pesar.

Así, pues, en la siguiente parte de este escrito nos referiremos a ellos.

Prácticas y ritos judaicos en relación con la muerte:

El judaísmo rodeó a la muerte de prácticas que son un delicado respeto por el moribundo, una honda preocupación por su familia y la afirmación de los principios básicos religiosos.

Los ritos mortuorios constan de cuatro etapas:

a. Los ritos relacionados con los moribundos
b. Los ritos relacionados con los funerales
c. Los ritos de inhumación
d. El duelo y el aniversario.

a) En el judaísmo se ha instituido el bikur jolim: la visita a los enfermos, ésta es considerada como un deber y su objeto es la de infundir comodidad al enfermo, reanimarlo y rezar por su recuperación. La práctica de esta visita está reglamentada. La razón de ello es que aún cuando son beneficiosas para el enfermo, a veces pueden causar dolor o pena, sentimientos que se deben evitar al enfermo. La vida es un don de Dios y sólo Él puede retirar su don y despojar de la vida a un ser vivo. Por ello, está prohibido realizar acto alguno que pueda acelerar la muerte.

También ello es motivo de arduas discusiones, dado los adelantos científico-tecnológicos de la medicina de hoy.

b) Producido el deceso, el cuerpo del muerto debe ser tratado con respeto y delicadeza. No se permiten, por ejemplo, ni la autopsia ni la cremación. El difunto es trasladado cementerio, allí los miembros de la jevra kadisha se preocupan de realizar la purificación del cuerpo para luego cubrirlo con los tajrijim (mortajas) de color blanco. Luego el cuerpo es depositado cuidadosamente en la tierra. En las comunidades judías de la diáspora19 las personas son introducidas en un ataúd rústico que posee la particularidad de dejar espacios abiertos para que el cuerpo tome contacto con la tierra. Es costumbre colocar debajo de la cabeza del difunto tierra de Jerusalem y, en el caso de los varones, son enterrados con su talit.

Una vez preparado el cuerpo se traslada a una amplia sala especial en donde se realizarán los rezos correspondientes. Los miembros de la Jevra kadisha acompañan al muerto (Halvaiat hamet), recitando Salmos hasta el momento en que se procede a llevarlo al lugar donde se realizarán los rezos correspondientes.

c) Se procede al hésped (ceremonia fúnebre) con el rito de la Keriá22, rasgadura de la vestimenta de los deudos más cercanos. Esto es obligatorio para los siguientes parientes: padre ó madre, hijo ó hija, hermano ó hermana, esposa/o y se pronuncia el tziduk hadin (Juicio justo). Oración o declaración es un homenaje y reconocimiento a Dios, juez equitativo, que actúa con justicia cuando nos crea y cuando nos llama a pasar a la 'vida eterna'.

d) Con posterioridad familiares y amigos lo acompañan a la última morada, cumpliendo así una de las mitzvot (preceptos) más importantes en el judaísmo. Tan importante es este precepto de acompañar acortejo fúnebre (levaiá) que, en algunos casos, está permitido interrumpir el cumplimiento de otros preceptos religiosos. Camino hacia la tumba, se recita el Salmo 91 y la procesión se detiene 7 veces durante el camino.

e) Lakevurá (la sepultura). El descenso del ataúd debe realizarse con prontitud y cuidado. Familiares y amigos, en señal de respeto y cariño, ayudan a llenar la fosa, colocando tres paladas de tierra mientras pronuncian la frase Ki afar atá (porque polvo eres...). Se leen capítulos de Salmos y oraciones alusivas y los dolientes recitan el kadish. El Cádiz es la oración que se recita cuando se está de duelo o cuando se recuerda la memoria de un ser querido. Es importante destacar que su contenido no se relaciona para nada con los difuntos. En estricto rigor, el Kadish forma parte de la liturgia general y se recita en diversos momentos del servicio religioso normal.

Kadish significa 'santificación'. En esta oración se santifica el nombre de Dios y se recita no en honor del difunto sino para fortificar a la persona que vive en su fe, porque la muerte no niega a Dios.

La Torá es el libro más sagrado del judaísmo. Consiste de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Es decir, el Pentateuco. En ellos se concentra la doctrina judía tal como fuera impartida a las generaciones posteriores por los primeros patriarcas.

En un alarde de erudición, y en un estilo conciso, claro y altamente didáctico, el rabí Alfred J. Kolatch nos instruye en los aspectos históricos, en los conceptos religiosos, y en los pormenores técnicos de ese texto que es el pilar del monoteísmo.

La Torá ha sido fuente de inspiración y fortaleza para los judíos tanto en tiempos aciagos y de desventura, como en épocas de paz y tranquilidad. Descubramos el porqué a través de esta bien documentada obra que constituye un inconmensurable aporte a la bibliografía judaica en idioma castellano.

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